GLOSARIO SESIÓN 4
1. METALÚRGICO: PERSONA QUE PROFESA ESTE
ARTE
2. ARMONÍA: F. MÚS. ARTE QUE TRATA DE LA FORMACIÓN, SUCESIÓN Y MODULACIÓN DE LOS ACORDES
MUSICALES
3. CAPACIDAD: FIG.APTITUD, IDONEIDAD; ESP.
APTITUD INTELECTUAL, INTELIGENCIA, TALENTO.
4. SÍQUICA:
ADJ. RELATIVO O
PERTENECIENTE AL ALMA O A LA ACTIVIDAD MENTAL.
PSICOL. RELATIVO
A LA PSIQUE O AL PSIQUISMO
5. EXPLORACIÓN: RECONOCIMIENTO ACCIÓN DE EXPLORAR UN LUGAR MISIÓN DE
EXPLORACIÓN
6. ENSEÑANZA: COMUNICACIÓN DE
CONOCIMIENTOS, HABILIDADES, IDEAS O EXPERIENCIAS A UNA PERSONA QUE NO LAS TIENE
CON LA INTENCIÓN DE QUE LAS COMPRENDA Y HAGA USO DE ELLAS.
7. TÉCNICA:
HABILIDAD QUE TIENE UNA
PERSONA PARA HACER USO DE ESTOS PROCEDIMIENTOS O RECURSOS.
8. PSICOTERAPIA: F. PSICOL. TRATAMIENTO DE LOS TRASTORNOS PSÍQUICOS FUNCIONALES POR MÉTODOS
PSÍQUICOS, BASADOS EN LA RELACIÓN TERAPEUTA-PACIENTE, TALES COMO EL DIÁLOGO, LA
SUGESTIÓN, EL ANÁLISIS.
9. FILOSOFÍA: CONJUNTO DE RAZONAMIENTOS
SOBRE LA ESENCIA, LAS PROPIEDADES, LAS CAUSAS Y LOS EFECTOS DE LAS COSAS
NATURALES, ESPECIALMENTE SOBRE EL SER HUMANO Y EL UNIVERSO
10. CRISIS:
A ES LO QUE SOBREVIENE A UNA PERSONA CUANDO UN EVENTO TRAUMÁTICO SOBREPASA SU
CAPACIDAD PARA AFRONTARLO. UN EVENTO QUE PRECIPITA UNA CRISIS PSICOLÓGICA EN
UNA PERSONA, NO NECESARIAMENTE AFECTARÁ
A OTRAS, POR ESO NO ES POSIBLE PREDECIR
CON CONFIABILIDAD LAS CRISIS
PSICOLÓGICAS, SI SOLAMENTE SE TOMA COMO REFERENCIA LOS SUCESOS QUE
LES PRECEDEN.
10.
PSICOANÁLISIS: LOS IMPULSOS INSTINTIVOS QUE SON REPRIMIDOS POR LA CONCIENCIA PERMANECEN EN EL INCONSCIENTE
Y AFECTAN AL SUJETO.
CARL ROGER:
Para nosotros Rogers es la
persona con la que más nos identificamos y nos gustaría seguir sus métodos de
enseñanza. El se interesó en el estudio del individuo en si mismo. Para esto desarrollo una teoría de la
personalidad centrada en el yo, en la que se ve al hombre como un ser racional, con el mejor
conocimiento de sí mismo Y de sus reacciones, proponiendo además el
autoconocimiento como base de la personalidad y a cada individuo como ser individual y
único.
Podemos decir en forma más simple que el yo,
estaría constituido por un conjunto cambiante de percepciones que se refieren
al propio individuo. La tendencia a la actualización del yo actúa
constantemente y tiende, también constantemente
a la conservación y al
enriquecimiento del yo, el éxito o la eficacia de esta acción, no depende de la
situación real u objetiva, sino de la situación en función que tiene de su yo.
Para comprobar el carácter
realista de cualquier percepción que atañe a la noción del yo. El individuo
dispone de dos clases de criterios.
El primero se refiere a la
experiencia vivida del sujeto.
El segundo consiste en el
testimonio que da la conducta del sujeto y la de los demás respecto a él.
Carl Roger nos da una independencia al estudiante.
Experiencia, la oportunidad de reflexión
y lo más importante se conoce a sí mismo. (Cree en ti) que es lo más
importante para el ser humano.
Para el profesor, permite
promover en sus alumnos el pensamiento y el comportamiento, además debe de
conocer el desarrollo de los procesos de aprendizaje y dar al alumno
herramientas para que las apliquen en una situación real.
El sentido pedagógico rogeriano nos encuadra
en una educación utópica a las expectativas socioeconómicas que se dan tanto en
nuestro país como en el marco educativo. Si la nueva filosofía socialista fue
una lucha contra el sistema este sería otro paso ante los regímenes dictatoriales
que a lo largo de este siglo. Como maestros y en nuestra realidad, no podemos
sugerir una educación basada en el cliente porque no podría ser llevada a cabo
en nuestro sistema educativo por una educación en cierta parte constructivista
y a la vez integradora pero toma como base la creación de un espíritu social,
que se basa en que una comunidad se reconoce a sí misma por una serie de señas
de identidad que aparte de individuales también son plurales.
La
inexistencia de un currículum fijo por la corriente pedagógica antiautoritaria
nos hace dudar sobre uno de los valores sociales fundamentales de la escuela:
La creación de ciudadanos. El sistema antiautoritario no tiene en cuenta ese
tipo de rol que debemos aprender para vivir en una determinada comunidad.
Rogers cree que cada individuo debe evolucionar según sus propias necesidades y
preferencias, pero al mismo tiempo quiere una socialización por parte de ese
individio creando así un todo. Como aclaración indicar que es imposible que un
ente individual sea absolutamente objetivo. En nuestra opinión la escuela debe
avanzar de acuerdo a los cambios histórico-sociales que se dan en nuestro
entorno. La escuela debe ir siempre en una línea discontinua y flexible, la
cual, puede ser modificada en beneficio de la sociedad. No es que se tenga un
estricto control sobre lo que se debe enseñar a los alumnos, pero si dar una s
ideas básicas sobre las señas de identidad a compartir.
Rogers aplica
su teoría psicoanalítica al sistema educativo y la relación cliente
facilitador. En esto formamos parte del espíritu de la Escuela Nueva, la
creencia de que no sólo los maestros enseñan a sus alumnos sino que los alumnos
también aportan su grano de arena ante la diversidad del aula.
Al igual que
Rogers apoyamos el aprendizaje constructivista, teniendo en cuenta que es
necesaria una base memorística. Los datos o hechos son importantes como lo son
las leyes científicas.
El papel del
maestro como facilitador ha dado lugar a numerosas críticas con las que estamos
de acuerdo. No se puede pretender que una serie de alumnos por si solos lleven
el orden lógico de un aula. La pretensión de Rogers de la autoresponsabilidad
del alumno resulta irrisorio y más a ciertas edades en las que los estudios
pasan a un segundo plano en la vida de los alumnos(Secundaria). En este sentido
sería necesaria la presencia de una cierta “autoridad” por parte del maestro.
De esta manera aumenta la disciplina y se dan una serie de actitudes, valores y
normas incluidas en el currículum. Siempre debe de existir un orden jerárquico
lógico, ya que en toda sociedad deben de existir unas normas básicas de
convivencia a las que todos debemos acceder.
Uno de los
matices a hacer en Rogers sería el problema de la evaluación. La autoevaluación
es constructiva pero debe de estar supervisada por un mediador que debe de
valorar si los aliumnos han superado los objetivos fundamentales. En esta
autoevaluación una cuestión importante es que no todos los alumnos poseen las
mismas capacidades y la misma motivación.
El papel de
los padres como educadores cambia para Rogers. Son los responsables de instruir
a sus hijos en la educación informal pero no son los dueños de su vida, ya que,
estos son seres individuales. Deben de apoyar al facilitador en su faceta
educativa. La educación de los padres va a ser constructivista, no memorística
y más centrada en el aspecto social.
Encontramos
una serie de contradicciones en las teorías de Rogers:
Aboga por el
papel del grupo pero a la vez pensando en la libertad individual.
Compara la teoría educativa con la terapia psicoanalítica.
Pide una independencia de las normas sociales y a la vez una
socialización total de los individuos.
Nosotros como profesores, de todos los niveles, se
olvidaran de que son profesores. Les sobrevendría una amnesia total
respecto de todas las técnicas de enseñanza que se han esforzado por dominar a
través de los años. Se encontrarían con que son absolutamente incapaces de
enseñar. A cambio de esta pérdida, adquirirían las actitudes y aptitudes
propias del facilitador del aprendizaje: autenticidad, capacidad para valorar y
empatía. ¿Por que cometería yo la crueldad de despojar a los profesores de sus
preciosas técnicas? Porque siento que nuestras instituciones educativas
se encuentran en una situación desesperada, y que a menos que nuestras escuelas
puedan convertirse en centros de estudios plenos de entusiasmo e interés, lo
más probable es que estén condenados a desaparecer.
El profesor tradicional, el buen profesor
tradicional, se plantea a sí mismo este tipo de preguntas: ¿Qué creo conveniente
que aprenda un alumno de esta edad y con este nivel de competencia? ¿Cómo puedo
planear un programa de estudios apropiados para este alumno? ¿Cómo puedo
inculcarle una motivación para que aprenda ese programa? ¿Cómo puedo instruirlo
de modo que adquiera los conocimientos que debe adquirir? ¿Cuál será la mejor
forma de implementar un examen para verificar si realmente ha asimilado esos
conocimientos? Por su parte, el facilitador del aprendizaje plantea el mismo
tipo de preguntas, pero no a sí mismo sino a los alumnos. ¿Qué quieren
aprender? ¿Qué cosas les intrigan? ¿Qué cosas despiertan su curiosidad? ¿Qué
temas les interesan? ¿Qué problemas desearían poder resolver? Una vez que ha
obtenido respuestas a estas preguntas, se formula otras: ¿Cómo puedo orientarlos
para que encuentren los medios, las personas, las experiencias, los materiales
didácticos, los libros, los conocimientos que yo poseo, que los ayuden a
aprender de modo que les proporcionen las respuestas a las cuestiones que les
interesan, a las que están ansiosos por aprender?
Y más adelante: ¿Cómo puedo ayudarlos a evaluar su
progreso y a fijar futuros objetivos de aprendizaje basados en esta
autoevaluación? También las actitudes del profesor y del facilitador se
encuentran en polos opuestos. La enseñanza tradicional, por más que se la
disfrace, se basa en esencia en la teoría del «recipiente y el vertedor».
El profesor se pregunta:
¿Cómo puedo hacer que el recipiente se quede quieto
mientras vierto en él los conocimientos considerados importantes por quienes
elaboraron el programa de estudios? La actitud del facilitador del aprendizaje
se relaciona casi por entero con el aspecto del clima: ¿Cómo puedo crear un
clima psicológico en el que el niño o el adulto se sientan libres para ser
curiosos, cometer errores, aprender a partir del medio, de sus compañeros, de
sí mismo y de sus experiencias?
¿Cómo puedo ayudarle a recobrar el entusiasmo por
aprender que forme parte de su naturaleza durante toda su vida?» Una vez
encaminado este proceso de facilitación del aprendizaje deseado, el centro
educativo pasaría a ser, para el adulto, «mi escuela». El alumno se
sentiría parte vital de un proceso muy satisfactorio. Los sorprendidos
profesores, padres y familias escucharían decir a los alumnos: «Estoy deseando
llegar a la escuela». «Por primera vez en mi vida me estoy enterando de las
cosas que yo quiero saber». «¡Cuidado! Suelta esa piedra. ¡Ni se te
ocurra romper un vidrio de mi escuela»
Algunos profesores creen que este tipo de
aprendizaje individualizado es impracticable, pues demandaría un número mucho
mayor de profesores o maestros. Nada más lejos de la realidad. Para
empezar, cuando los alumnos están deseosos de aprender, siguen sus propios
caminos y realizan una gran cantidad de estudios independientes, por su cuenta.
También se ahorra mucho tiempo de los profesores, por la marcada disminución de
problemas de disciplina o control.
Por último, la libertad para interactuar que surge
del clima que brevemente he descrito posibilita el empleo de un importante
recurso inexplotado: la capacidad de un alumno para ayudar a otro a aprender.
Que el profesor diga: «Juan, a Raúl le cuesta un poco esa división larga que
tiene que hacer en el problema. ¿Podidas ayudarle?», constituye una experiencia
maravillosa, tanto para Juan como para Raúl. Y aún más maravilloso es que
los dos alumnos trabajen juntos, ayudándose mutuamente, sin que nadie se lo
pida. Juan aprende realmente a hacer divisiones largas cuando ayuda a otro a
comprenderlas. Y Raúl puede aceptar su ayuda y aprender, porque no tendrá miedo
de quedar como un ignorante.
Convertirse en facilitador del aprendizaje, más
bien que en profesor, es un asunto peligroso. Implica incertidumbres,
dificultades, y retrocesos, y también una aventura humana entusiasmante, cuando
los alumnos comienzan a mostrar sus frutos. Una maestra que corrió este
riesgo me dijo que una de sus mayores sorpresas fue comprobar que, cuando
dejaba a los niños libres para aprender, disponía de más tiempo, y no menos,
para dedicar a cada uno de ellos.
No tengo palabras para expresar cuánto me gustaría
que alguien agitara esa varita mágica para convertir la enseñanza en
facilitación. Tengo la profunda convicción de que la enseñanza tradicional
constituye una función casi completamente fútil, cuyo valor se ha exagerado y
en la que se malgastan energías, dentro del contexto cambiante del mundo de
hoy. Sirve, sobre todo, para dar a los alumnos que no logran captar las
nociones impartidas, una sensación de fracaso. También sirve para inducir a los
alumnos a abandonar sus estudios cuando se dan cuenta de que lo que se les
enseña no tiene relevancia en sus vidas.
Nadie debería nunca tratar de aprender algo a lo
que no le ve ninguna utilidad. Ningún alumno debería verse obligado a
sufrir la frustración que impone nuestro sistema de calificaciones, las
críticas o la ridiculización por parte de los maestros y otras personas, y el
rechazo de que es objeto cuando es lento para comprender. La sensación de
fracaso que se experimenta al ensayar o querer lograr algo que de hecho es
demasiado difícil es un sentimiento saludable, que impulsa a aprender aún
más. Algo muy diferente sucede cuando el fracaso es impuesto desde
afuera, por otra persona, que rebaja a quien lo sufre.